About VUPACS
About the Staff
Project Reports
Photos
Graphics
Field Notes
Forum
News
Links
What's new
Nuevos descubrimientos y evidencia de intercambio a larga distancia en Alta Verapaz, Guatemala
Brent Woodfill, Federico Fahsen, y Mirza Monterroso
I. Introducción
Desde 2001, subproyectos de Proyecto Arqueológico Cancuen han estado explorando cuevas, cerros, y otros sitios sagrados en el Suroeste del Petén y el Norte de Alta Verapaz (e.g. Woodfill y Spenard 2002, Woodfill y Monterroso 2004, Tomasic y Quintanilla 2003). Esta área (fig. 1) ha recibido poca atención arqueológica antes de nuestras investigaciones, limitado casi exclusivamente a reconocimientos en Tres Islas (Graham 1967), Cancuen (Tourtellot 1978, Mahler 1908), Salinas de los Nueve Cerros (Dillon 1977), y las Cuevas de Candelaria (Carot 1989, Dreux 1968, y Pope y Sibberenson 1989).
La región está ubicada en un área de fácil acceso entre las Tierras Altas y Bajas—la parte Norte, donde se encuentra los Cerros de San Francisco y Tres Islas, está cruzada por el Río Pasión, una gran artería de tráfico ribereño. La parte Sur, con las Cuevas de Candelaria, Juliq’, B’omb’il Pek y Hun Nal Ye, tiene valles bajos interconectados que comienzan cerca de Cobán y se abren al Río Pasión cerca de Cancuen. Esta ruta, desde Carchá hasta el Río Usumacinta y sus tributarios, ha sido llamada “La Gran Ruta de Intercambio Occidental” (Demarest et al. 2003) y era usada por los mayas antiguos igual que guatemaltecos modernos e históricos (Hammond 1972, Adams 1978, Arnauld 1990, Demarest et al. 2003).
Mientras que la mayoría de investigaciones en la ruta se han enfocado en las Tierras Bajas o Altas del mundo maya, esta área se encuentra en las tierras transicionales, entre dos regiones geográfica y culturalmente. Esta parte de la zona transicional en particular es una mezcla de Tierras Altas y Bajas, por la gran cantidad de movimiento ocurrido allí.
En los sitios ceremoniales investigados, hemos encontrado una historia larga de uso de gente de todos partes del mundo maya, empezando al menos cerca de 1000 a.C., coincidente con la introducción de cerámica en el mundo maya, y que siguió sin interrupción hasta el Clásico Terminal. Durante estos dos milenios, hubo un gran cambio en todos los centros ceremoniales ocurriendo al principio del Clásico Tardío marcado por una gran disminución de uso y la dominancia de cerámica local.
II. Los Cerros de San Francisco
En la parte Norte de la región bajo estudio se ha enfocado en los Cerros de San Francisco, un área de aprox. 35 km2, ubicado unos trece kilómetros al Noreste de Cancuen a la par del Río la Pasión. Esta área está dominada por cientos de mogotes—torres cársticas—llenos de cuevas restringidas, y rodeado por pequeños valles. Tres cerros grandes son visibles en toda el área, dominando el horizonte de Cancuen y Tres Islas. El área tiene una superficie completamente vacía de agua—los habitantes de un sitio pequeño en el centro del área, La Caoba Vieja (fig. 2), excavaron dos aguadas sobre pequeñas mesas de agua elevadas, uno de ellos todavía en uso de los modernos habitantes (Woodfill et al. 2003). Aparte de eso, las fuentes más cercas son los ríos Machaquilá y Pasión, cada uno a dos horas a pie del sitio.
Excavaciones en la aguada y una pequeña hendidura a 100 metros del grupo principal del sitio, posiblemente usado como basurero (ibid.), encontraron evidencia de paso, si no ocupación, desde el Preclásico Medio—algunos tiestos de una versión de Abelino Rojo del altiplano (Bill et al. 2003, Castellanos citando a Laporte, pers. com. 2005), mostrando una conexión cultural con el altiplano Norte (Sharer y Sedat 1987) y los complejos Xe y Real de Altar de Sacrificios (Adams 1971) y Ceibal (Sabloff 1975).
En las cuevas, hay evidencia de uso durante el Preclásico y Clásico Temprano; excavaciones en los bajos niveles de arquitectura y plazas mostraron evidencias preliminares de ocupación en estas épocas. A pesar de su relativamente difícil acceso y falta de sitios grandes en la vecindad, todas las cuevas tienen evidencia de uso, la mayoría de la cual pasó en el Clásico Temprano.
En el Clásico Tardío, La Caoba Vieja era parte de la esfera Cancuen, con una muestra de cerámica parecida a la de esta ciudad, pero sin los marcadores de alto estatus como gris fino (Bill et al. 2003). Las cuevas reflejaron este cambio, con los mismos tipos de cerámica. En las cuevas de los tres cerros más grandes, hay evidencia de uso directamente por gente de Cancuen, incluyendo un entierro de un cráneo asociado con cerámica naranja incisa asociada con entierros allí (Spenard 2005).
Casi todo el ritual ocurre en y cerca de las entradas de las cuevas (parcialmente por su tamaño pequeño), al parecer estos lugares fueron usados para rituales públicos. Los cerros, tan semejantes a los templos construidos en las Tierras Bajas, parece que fueron usados en maneras paralelas (Coe 1988; Vogt 1965; Woodfill y Spenard 2002; Woodfill, Ramírez, et al. 2004). En las pirámides, la cumbre de las escaleras y la entrada del templo sirvieron como un escenario, mientras que el interior oscuro del templo se usó para partes de los rituales aislados del público. En estas cuevas, las entradas sirvieron, en la misma forma, como escenarios públicos para los rituales, mientras que dentro de las cuevas hay evidencia de la misma parte “privada” de las ceremonias—fogones, navajas de obsidiana, y cerámica quemada. Además, hay de otras actividades “privadas”—entierros (otra vez paralelo a los templos) y escondites de vasijas completas, incluyendo dos vasijas-hongo de estilo Protoclásico (Woodfill y Spenard 2002, Woodfill et al. 2003).
Encontramos otro ejemplo de uso de las cuevas en una manera parecida a la arquitectura de las Tierras Bajas. La cueva K’aaminaq So’tz (fig. 3) está compuesta de un laberinto restringido con varias entradas y una escasa cantidad de cerámica quebrada. La salida principal del laberinto es la “Sala de tiestos”, ubicada sobre un precipicio de unos 20 m. y solamente accesible cruzando el laberinto. Dentro de esta área se encuentra evidencia de cientos de vasijas quebradas—muchas policromas, navajas, y un disco de concha con una cara incisa (Woodfill et al. 2003).
Este patrón es idéntico a lo que describe Suhler et al. (1998) en los laberintos de Yaxuna, Oxkintok, y el Usumacinta. Según ellos, los reyes y otras personas importantes simbólicamente siguieron el sendero mítico de los gemelos héroes, cruzando el inframundo y entrando el cielo (en el caso de Palenque, desde el laberinto hasta la cumbre del observatorio) durante rituales importantes.
III. Tres Islas, Juliq’, B’omb’il Pek, y Ub’ub’
Otro centro ceremonial, esta vez construido, ubicado cerca de San Francisco, es el sitio de Tres Islas. Este sitio fue investigado por Graham (1967) y Tomasic (Tomasic y Quintanilla 2004), y consiste de tres estelas con altares y algunos edificios asociados. Es la primera referencia epigráfica conocida de un reino en el Alto Pasión, más de dos siglos antes de la fundación de Cancuen, aunque la verdadera cabeza del reino en el Clásico Temprano probablemente fue el sitio cercano de El Raudal (Tomasic y Quintanilla 2004). Mientras que tiene evidencia de uso antes y después, este sitio también recibió su mayor cantidad de uso en el Clásico Temprano, cuando se erigieron las tres estelas. Lo más interesante de estas estelas es que cada una tiene esculpida personajes vestidos como Teotihuacanos (Tomasic y Fahsen 2004).
Más al Sur, en la vecindad de Chisec, hay dos cuevas con evidencia de ritual del Clásico Temprano. Juliq’ y B’omb’il Pek también están asociados con un pequeño sitio que contiene una de las únicas canchas de pelota de la región. La cueva de B’omb’il Pek (Woodfill et al. 2003, Spenard 2005) se encuentra en una gran hendidura o depresión de tipo cárstico sobre un cerro—es necesario bajar un precipicio de 10 m., cruzar un gran espacio abajo, y subir al otro lado para encontrar la entrada de la cueva. Esta entrada es pequeña, justo el tamaño para impulsarse adentro—aún así, la entrada fue ampliada por los mayas. Adentro hay cerámica del Clásico Temprano y, sobre un precipicio alto, tres animales dibujados con carbón. En adición a la cueva, el piso de la depresión está lleno de tiestos y navajas de obsidiana.
Juliq’ (Woodfill et al. 2003) (fig. 4) es una cueva más grande con solamente evidencia de rituales “privados”, incluyendo vasijas quebradas en pequeños rincones, y escondites de espeleotemas. En un parte de la cueva, hay un cántaro de Quintal sin Engobe puesto sobre un “fogón” natural formado por tres estalagmitas pequeñas. Eso es uno de los ejemplares más convincentes de autosacrificio en el mundo maya—tiene evidencia bajo la vasija y adentro de ella de quema y está asociado con una sola navaja de obsidiana. Después del ritual, el actor tiró una piedra dentro, quebrando el fondo del cántaro.
IV. Las Cuevas de Candelaria
Las Cuevas de Candelaria (fig. 5) han sido el enfoque principal de las investigaciones de VUPACS desde 2003, y tiene la mayor cantidad de evidencia ritual. Las cuevas se ubican entre Raxruha y Chisec, Alta Verapaz, con una parte de cerca 20 km. donde un tributario del Río Pasión pasa adentro de siete diferentes cuevas enormes (Woodfill, Ramírez, et al. 2004). La geografía sobre las cuevas se define, igual que en San Francisco, por la dominancia de mogotes, la mayoría de cuales también son huecos por la presencia de cuevas, aunque aquí los mogotes se ubica al pie del altiplano.
En cada una de las cuevas hemos encontrado una gran cantidad de evidencia ritual, casi todo ocurriendo en Tzakol 2 y 3 pero empezando en el Preclásico Terminal (Woodfill y Monterroso 2005). A pesar de su ubicación en el nexo de las Tierras Altas y Bajas, toda la cerámica encontrada hasta la fecha antes del Clásico Tardío es de estilo Tierras Bajas.
Hay al menos tres distintos tipos de ritual allí. El primer es ritual público—escenarios naturales llenos de cerámica policroma, incensarios, una gran cantidad de ceniza, y navajas de obsidiana mezclados con partes de ajuar ceremonial—pendientes, conchas de oliveta, etc. (ibid.). Estos lugares siempre están cerca de entradas grandes que se iluminan con luz natural. Inmediatamente debajo y en frente de estos escenarios hay grandes lugares donde cabe una gran audiencia, usualmente con terrazas para colocar más personas. Detrás de estos escenarios, en áreas no visibles desde abajo, hay altares, grandes fogones, y cerámica utilitaria (Woodfill y Spenard 2002, Woodfill et al. 2003, Woodfill, Ramírez, et al. 2004, Woodfill y Monterroso 2005).
Un segundo tipo de actividad ritual es “privado”. Estos rituales con más diversidad—tenemos escondites de vasijas completas; algunos de ellos probablemente contuvieron ofrendas de comida o otras cosas. En un túnel oscuro (Woodfill, Ramírez, et al. 2004) hay más de seis vasijas quemadas y quebradas en rincones junto al paso central, mientras en otro hay cientos de mazorcas pequeñas quemadas, probablemente dejadas durante un ritual de primera cosecha.
Los rituales más extraños son también los más voluminosos. En al menos tres diferentes secciones de las cuevas ribereñas (Woodfill, Ramírez, et al. 2004, Woodfill y Monterroso 2005) hay evidencia de miles de vasijas quebradas, un gran parte policromo. Mezclados con estos tiestos hay navajas de obsidiana, pedernal, conchas de oliveta, huesos humanos y de animal, y una gran cantidad de carbón y ceniza, El piso está literalmente compuesto de una alfombra de artefactos, uno midiendo 400 m. por 30 m. con un grosor de al menos 15 cm. En contraste a los otros dos tipos de lugares rituales, estas tres áreas están ubicadas directamente encima del río, y no tienen ningún lugar para observar las rituales que se llevaron a cabo. Veremos este tipo de ceremonia más adelante en las interpretaciones.
V. Sitio arqueológico La Lima y cuevas asociadas
En el Clásico Tardío, el uso de Candelaria disminuyó y se enfocó en la parte oriente. Para aprovechar el acceso a esta sección de las cuevas, nuevos habitantes fundaron una comunidad pequeña, La Lima (fig. 6), investigada por co-autora Mirza Monterroso (En preparación). Esta aldea tiene una densidad muy baja en comparición a otros sitios del mundo maya—cada grupo se encuentra al menos 300 metros del siguiente, y todos siguen en una línea definida por los valles restringidos en donde se encuentran. Un asentamiento tan esparcido tiene una ventaja principal—los pocos habitantes tienen control de los dos lados de tres diferentes cuevas ribereñas y además el acceso a las cuevas al occidente. Ellos fortalecieron su control de las cuevas por la construcción de grupos grandes en frente de las entradas.
Por ser una comunidad pequeña, no tenían los recursos para construir edificios impresionantes, y por eso los grupos principales están a los pies de grandes cerros—las plataformas altas son casi completamente naturales con solo un recubrimiento de relleno y piedras (Segura y Monterroso 2004). Además, la mayoría de piedras no son talladas, con la excepción de las que fueron puestas en lugares visibles desde abajo por los visitantes a las cuevas.
Aunque hay evidencia de uso al mismo tiempo que en las otras cuevas del sistema, el uso principal de estas cuevas fue en el Clásico Tardío—tiestos y vasijas completas de Tepeu y Chipoc (Carot 1989, Woodfill, Ramírez, et al. 2004, Woodfill y Monterroso 2005), asociados con navajas de obsidiana, hachas de jade, y entierros. En contraste al Clásico Temprano, estas cuevas muestran uso de personas provenientes de lugares más cercanos, aunque todavía de las Tierras Altas y Bajas.
El sitio tiene la misma mezcla—las plazas son organizadas en un estilo típico de las Tierras Bajas, pero la construcción se parece más a las Tierras Altas del Norte (véase a Arnauld 1986). En adición, la cerámica tiene la misma mezcla—todas las vasijas utilitarias son del grupo Cambio, incluyendo los comales, aunque casi sin excepción todas las vasijas finas son del altiplano (Monterroso 2005). También existan exóticas desde tan lejos como el altiplano sur y México, sugiriendo que un parte de su cerámica era dado por los visitantes a las cuevas.
VI. La cueva de Hun Nal Ye
En abril de este año, el autor principal fue invitado por Lic. Salvador López a visitar la Cueva de Hun Nal Ye (fig. 7) (Woodfill y Monterroso 2006), cerca de la misma ruta de intercambio. Un reconocimiento compuesto por Woodfill, López, y Leonidas Javier Morales, el descubridor y dueño de la cueva, se llevó a cabo pocos días después. La cueva, ubicada al otro lado de una piscina sobre una cascada, contiene evidencia de uso intenso en el Preclásico Terminal hasta el fin del Clásico Temprano. Encontramos 24 vasijas completas en una cámara interior de muy difícil acceso, todas de fuentes lejanas, incluyendo los valles de Salamá y Motagua y posiblemente Kaminaljuyu. En adición a estas vasijas, que incluyen cántaros del Preclásico Tardío, Usulatan, y cuencos del Clásico Temprano, hay una caja de piedra del Clásico Temprano (fig. 8)—la única evidencia de este uso de las Tierras Bajas.
Woodfill y Monterroso siguieron las investigaciones en la cueva durante los meses de abril y mayo, dándonos una oportunidad para ver los artefactos con mucha más claridad. Con fotos y dibujos de la caja, Fahsen pudo descifrar e identificar los glifos, dioses, y personajes (incluyendo un escribano y un escultor) en los cuatro lados y la tapadera. La tapadera tiene un retrato del dios de la luna y maíz del Clásico Temprano y un texto que dice: “a-ALAY T’AB’ yi-chi yu-lu-?-li U TUUN ? Chi-naah IXIM YAL LA HUN U K'AAB'A u-yuul ?-hi-?-ji KAN ?-ich”: “Y así empieza. Este grabado, esta caja [seguida por su nombre], la casa del dios de la luna, de una lunación de 30 días. Fue esculpida por [el nombre del escultor], esta [?] preciosa.” En los lados, tiene varios textos que están en el proceso de ser traducidos, pero que se refiere al dios de la muerte, a K’awil, a una ciudad no identificada pero con un parecido al glifo emblema de Tamarindito, y posiblemente a Tikal.
La caja es más larga que ancha, y hay dos personajes (posiblemente el dios jaguar del inframundo [Chinchilla pers. com. 2005]) sobre tronos de serpientes mirando a su opuesto. El cuerpo de la caja fue hecho y esculpido por al menos dos diferentes manos, evidente en los diferentes estilos. En un lado, un personaje está agarrando un códice, que está en el texto a la par como “el libro celestial”. El otro lado está hecho por una tercera mano y tiene un escribano con pelo amarrado en una cola. La mayoría de los glifos de esta sección están al revés (hasta dos caras en la misma fila se están enfrentando).
Adentro de la caja encontramos un fémur calcificado (indicando que había pasado un tiempo en la cueva antes de que estuviera puesto dentro), y el resto del esqueleto fue encontrado en una pequeña hendidura en otra cámara. Fue identificada por Lorena Aguilar y Erin Thornton como una danta por la forma de la calavera.
Después del Clásico Temprano, se encuentra el mismo patrón que los otros sitios estudiados más al Norte—hay mucho menos uso en total, está en un área mucho más restringido, y es exclusivamente local. En la entrada sobre la piscina tenemos evidencia de cerámica de estilo Chipoc (Smith 1952, Arnauld 1986); toda quebrada.
VII. Interpretaciones
En todas estas áreas, encontramos algunas características en común. Aunque tenemos mucha evidencia de tráfico desde lugares lejanos en todas las partes de la ruta, parece que el uso de los sitios sagrados fue restringido a uso casi exclusivamente local después del Clásico Temprano y cesando después del Clásico Terminal.
Para entender estos cambios, hay que ver más allá, a los nuevos descubrimientos en la disciplina. La primera pista para entender a la región en general se encuentra en cambios del patrón de asentimiento al principio del Clásico Tardío (Demarest y Barriéntos 2002). Hubo grandes cambios, entre los más importantes fue la fundación de Cancuen, que prosperó como un centro de producción de exóticos para el mercado de las tierras bajas como jade y pirita (Kovacevich 2003). Su ubicación fue perfecta para asumir su papel—está en el nexo de la ruta terrestre y ribereña. Así se dividió la ruta—materiales llegaron a Cancuen por tierra, fueron procesados, y entraron al mercado petenero por río. Este evento singular casi suspendió el tráfico de larga distancia en la ruta, y con menos tráfico había menos ritual en los sitios ceremoniales que antes eran tan importantes.
Otra línea para hacer una interpretación del uso de los sitios ceremoniales de la ruta se encuentra en datos históricos, etnográficos, y arqueológicos en rutas de intercambio en otros partes del mundo. Largos viajes de mercaderes y otros en el Camino de Seda y los viajes marítimos en el Pacífico y Mediterráneo, por ejemplo, eran llenos de incertidumbre y estrés, y era muy común usar oratorios, templos, y otros lugares sagrados para hacer rituales para mediar el miedo de andar en lugares desconocidos y extranjeros (véase a Bauer y Stanish 2001). Hay evidencia del mismo patrón en el mundo maya posclásico (Borhegyi 1953, Coggins y Shane 1984, Folan 1974, Kendal 1991).
En estos lugares los rituales eran dirigidos específicamente a los dioses que vivieron allí. Eso es un contraste con la mayoría de rituales descritos en la arqueología maya, que funcionaron como una fuente central de poder político de los reyes y elites (véase, por ejemplo, a Woodfill 1999, Demarest 1992, Brady y Rodas 1992).
Proponemos que la función de las áreas problemáticas en Candelaria y Hun Nal Ye muestra el mismo patrón que estos oratorios lejanos. La cantidad extraordinaria de vasijas finas quebradas (en el caso del primero) o escondites de vasijas enteras (en el caso del segundo) en lugares no visibles por el pueblo en general fue dejada probablemente por viajeros transitando lejos de su hogar por comercio u otros tipos de viaje. El ritual típicamente llamado “privado” tiene usualmente vasijas menos finas (Brady 1989) mientras que aquí tenemos una cantidad de vasijas bellas más grande que en las áreas públicas.
Estos dos lugares probablemente fueron escogidos porque eran los más impresionantes de todos los centros rituales junto con a la ruta, y además se conforman más al ideal de un sitio sagrado para los mayas. Las fuentes de agua son lugares sagradas en todas las partes de Mesoamérica (Brady y Ashmore 1999), desde Teotihuacan y Tenochtitlan hasta Dos Pilas y el Roaring River Valley de Belice.
Las Cuevas de Candelaria son grandes cavernas donde sube y baja el río Candelaria siete veces, que recuerda a las “Siete Cuevas, Siete Cañones” de los mitos mayas (Dreux pers. com. 2001, Tedlock 1996). El terreno arriba de las cuevas está lleno de grandes pirámides naturales, llamando más atención la lugar. Además, es el segundo sistema de cuevas más grandes del mundo maya (después de Chiquibul [Miller 2000]) y es un origen de la red Pasión-Usumacinta. Estos factores, junto con su ubicación tan cerca de la ruta, lo hizo un lugar de máxima importancia para viajeros.
La Cueva de Hun Nal Ye muestra un diferente aspecto del sitio sagrado ideal. Aquí la cueva es pequeña y difícil, pero está ubicada asociada con una piscina clara y profunda de donde sale una cascada—otra fuente de agua y nacimiento de un río. Su asociación no solamente con un río sino también una piscina paralela da un uso similar en todas partes del mundo maya a los cuerpos de agua calma (Lucero 1999), desde el Lago Amatitlán (Mata Amado 1975) hasta el Cenote Sagrado de Chichen Itza (Folan 1974, Coggins y Shane 1984) para dejar ofrendas, especialmente a la luna (Brady y Ashmore 1999). Las asociaciones con la luna en la caja muestran que los mayas practicando rituales aquí tenían las mismas ideas en mente cuando escogieron este lugar.
Los dos lugares, entonces, fueron usados para los viajeros para hacer rituales no directamente relacionados con poder, sino para pedir un viaje sin problemas directamente con los dioses, y no para impresionar a una audiencia.
VIII. Ritual “público” y “privado”
Por eso, creemos que la distinción encontrada en otras cuevas entre rituales “públicos” y “privados” (ej. Brady 1989, Prufer 2002) no aplica aquí. Las elites entrando a una cueva, un templo, un laberinto, o cualquier otro lugar escondido de lo demás de la gente no es necesariamente “privada”, aunque ocurre sin audiencia. Estos ritos funcionaron para elevar el estatus de los actores igual que los ritos “públicos”. Probablemente el mejor paralelo en la sociedad contemporánea se encuentra en juicios y reuniones de gabinete hechos bajo puertas cerradas. Aunque están hechas estas reuniones sin audiencia, el público sabe que están pasando, y la falta de acceso sirve para recordar a ellos que hay un desnivel de estatus.
En San Francisco, Juliq’, B’omb’il Pek, Candelaria, y Hun Nal Ye, tenemos justo este tipo de ritual está pasando. Objetos importantes—una caja de piedra, la primera cosecha, jade, y una multitud de vasijas estaban dejadas en lugares donde la mayoría de la gente jamás las vería. Rituales de autosacrificio, también parte central de los rituales de estatus para los mayas, ocurrieron en lugares igualmente restringidos. Lo que tienen en común es que el pueblo pueda ver a las elites yendo a los sitios sagrados con la parafernalia y las ofrendas y regresar con manos vacías o cubiertas en sangre.
IX. El uso de Candelaria durante Tzakol 2 y 3
La fundación de Cancuen explica los cambios de uso al principio del Clásico Tardío, pero no la cantidad muy grande de eventos rituales que se llevaron a cabo en Tzakol 2 y 3 en Candelaria y sus vecinos de gente de las Tierras Bajas. La iconografía en las vasijas muestra una asociación con el Petén Central. La mayoría de Dos Arroyos encontrada en las cuevas tienen “la cabeza de serpiente X” identificado por Smith (1955) en Uaxactun, un motivo que solamente encontró allí y en Kaminaljuyu, Copan, Palenque, Río Hondo, Chamá, y Nohmul, y que ahora hemos encontrado en Aguateca y cuevas debajo Dos Pilas (observación personal). ¿Que tienen estos sitios en común en Tzakol 2 y 3? La mayoría, si no todos, están asociados con Tikal en esta época y quedan cerca de diferentes rutas de intercambio que conecta el Petén Central al altiplano.
Aproximadamente 50% de nuestra muestra de Dos Arroyos es de una variedad no visto en otros sitios, con un interior engobado o ahumado negro. Pensamos que posiblemente era una vasija especialmente hecha por ceremonias en esta zona transicional, imitando el modo altiplano de ahumar el interior de cuencos, platos, y vasos.
Mientras que estamos esperando pruebas de activación de neutrones, solamente podemos especular de la fuente de esta cerámica y su relación con otros patrones en el mundo maya. Es obvia que las vasijas no eran hechas en el Petén Central—en vez de ser ante o crema, la pasta es rosada a naranja, típico del Petexbatun (Foias 1996), aunque muchos tienen mica como Yaxchilan (López Varela 1989). La falta de sitios grandes del área hace muy improbable que son locales, aunque más investigaciones en El Raudal pueden terminar con una respuesta. La traducción de las nuevas partes de la escalera hieroglífica de Dos Pilas dice que el sitio no fue fundado para tomar control de la ruta occidental sino para mantener la hegemonía de Tikal sobre ella (Demarest et al. 2003). Con esta información, lo hace más posible que era hecha en el Petexbatun, por su asociación con este sitio, la presencia de iconografía asociado con él, y la pasta, que es parecida a la de Candelaria. Además, la caja de piedra en Hun Nal Ye tiene un glifo que al menos parece el emblema de Tamarindito, que indicaría su presencia en un parte mucho más al sur de la ruta.
Hay más asociaciones iconográficas con el Petén Central en la ruta, incluyendo los guerreros Teotihuacanos en las estelas de Tres Islas, una cara aplicada de “Curl Mouth” (Taube, pers. com. 2005) sobre una vasija policroma en Candelaria (Woodfill y Monterroso 2005), y un círculo punteado, también encontrado en Candelaria (Carot 1989, Aveni et al. 1978). El uso de esta ruta, igual que la ruta oriental, era seguramente asociado con el mercado maya y no con el altiplano central de México. ¿Porqué, entonces, encontramos muchos ejemplos de asociaciones con Teotihuacan? Ahora sabemos que Yax K’uk’ Mo’ era del Petén Central y no de México (Buikstra et al. 2000, Sharer 2003), y también que todos sus descendientes eran orgullosamente maya. Copan seguramente era un aliado de Tikal después de su “mayanisación” (véase a Braswell 2003), igual que Quirigua y la presencia de los mismos marcadores iconográficos asociando el sitio con Tikal sugiere que las dos rutas cayeron bajo el control de Tikal al mismo tiempo, durante Tzakol 2. Según Martin y Grube (2000), “Quirigua era, de su principio, parte de un plan regional que puso el Valle de Motagua y su control de intercambio entre el altiplano y el Caribe bajo una hegemonía Copan”, y el fin de su alianza junto con la fundación de Dos Pilas para proteger la ruta y la instabilidad alrededor del río en el Clásico Tardío ocurrieron al mismo tiempo que Tikal tenían problemas en su hogar (ibid.), haciendo más débil su control sobre las rutas importantes.
X. Conclusiones
El tráfico de gente de las Tierras Bajas en este parte de la gran ruta de intercambio occidental en el segundo parte del Clásico Temprano terminó, y un poco más que dos siglos después, todo del segmento de la ruta fue abandonado por las guerras, marcando un descanso en los lugares rituales aquí para más que un milenio, hasta que la región fue poblada otra vez de los Mayas-Q’eqchi’.
En un ejemplo extraordinario de continuidad de la vista maya, muchos de los mismos lugares sagrados fueron reutilizados para lugares para hacer rituales parecidos que los hicieron de sus antepasados (Woodfill et al. 2003). En Juliq’, hay cuatro diferentes altares en uso hoy, todos ubicados a la par de enfoques rituales ancianos. Los tres grandes cerros en San Francisco están usados por al menos cuatro diferentes aldeas para su centro principal de ritual.
El Cerro de Ub’ub’ (Woodfill, Hurtado, et al. 2004) es el ejemplo más impresionante de esta patrón. Don Sebastián Pop cuando obtuvo su parcela se sintió que este lugar era algo sagrado y paró de usarlo, dejando que crezca el monte. Invitó el Consejo de Sitios Sagrados de Cobán, compuesto de los shamanes más importantes para los Q’eqchi’s, a hacer un ritual sobre el cerro y ellos también sintieron que era un lugar sagrado. Cuando gente empezó a excavar el cerro buscando “oro”, el mandó sus hijos a chopear para desanimar a los saqueadores. Mientras que limpiaban, uno de los hijos cayó sobre una piedra grande y la movió. Acercándose, se dieron cuenta que había un espacio vacío abajo. Movieron la piedra y encontraron un hoyo de tres metros de profundidad, suficientemente ancho para una persona, y algo en el fondo. Bajaron y encontraron un escondite magnífico compuesto de cajitas de cerámica conteniendo navajas de obsidiana, cántaros miniaturas, platos, “tequileros”, y un gran incensario con la cara aplicada de un dios. El sitio fue redescubrido no por los métodos “científicos” de los arqueológicos sino por el conocimiento Q’eqchi’ de su mundo y sus antepasados.
XI. Bibliografía
Adams, Richard
1971 The Ceramics of Altar de Sacrificios. Papers of the Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, 63(1). Cambridge, MA: Harvard University Press.
1978 Mesoamerican Communication Routes and Cultural Contacts. Papers of the New World Archaeological Foundation, editado por Thomas Lee y Carlos Navarrete. Provo: Brigham Young University.
Arnauld, Marie Charlotte
1986 Archéologie de l’habitat en Alta Verapaz (Guatemala). Etudes Mésoaméricaines 10. México: CEMCA
1990 El comercio clásico de obsidiana: rutas entre tierras altas y tierras bajas en el área maya. Latin American Antiquity 1(4):347-67.
Aveni, A., H. Hartung, y B. Buckingham
1978 The Pecked Cross Symbol in Ancient Mesoamerica. En Science 202:267-279.
Bauer, Brian y Charles Stanish
2001 Ritual and Pilgrimage in the Ancient Andes: The Islands of the Sun and the Moon. Austin: University of Texas Press.
Bill, Cassandra, Michael Callaghan, y Jeannette Castellanos
2003 La cerámica de Cancuen y la región del Alto Pasión. En Proyecto Arqueológico Cancuen, Informe Preliminar no. 4. Nashville, TN y Guatemala: Vanderbilt University Press.
Borhegyi, Stephen F. de
1953 The Miraculous Shrine of our Lord of Esquipulas in Guatemala and
Chimayo, New Mexico. En El Palacio 60:83-111.
Brady, James
1989 An Investigation of Maya Ritual Cave Use with Special Reference to Naj Tunich, Petén, Guatemala. Tésis de doctorado presentado a University of California, Los Angeles.
Brady, James y Wendy Ashmore
1999 Mountains, Caves, Water—Ideational Landscapes of the Ancient Maya. En Archaeologies of Landscape: Contemporary Perspectivas, editado por Ashmore y Knapp. Oxford: Blackwell Pub., Ltd., 124-145.
Brady, James y Irma Rodas
1992 Hallazgos recientes y nuevas interpretaciones de la Cueva de El Duende. En V Simposio de Investigaciones Arqueológicos en Guatemala. Guatemala: Ministerior de Cultura y Deportes, 185-194.
Braswell, Geoffrey
2003 Understanding Early Classic Interpretations between Kaminaljuyu and Central Mexico. En The Maya and Teotihuacan: Reinterpreting Early Classic Interaction, editado por Geoffrey Braswell. Austin: University of Texas Press, pp. 105-143.
Buikstra, Jane, Douglas Price, James Burton, and Lori Wright
2000 The Early Classic Royal Burials at Copan: A Bioarchaeological Perspective. Ponencia presentado en los Reuniones de la Society for American Archaeology.
Carot, Patricia
1989 Arqueología de las cuevas del norte de Alta Verapaz. Cuadernos de Estudios Guatemaltecos I. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. México.
Coe, Michael
1988 Ideology of the Maya Tomb. En Maya Iconography, editado por E. Benson y G. Griffin. Ferusalem: Maremont Pavilion of the Ethnic Arts.
Coggins, Clemency C. and Orrin C. Shane III (eds.)
1984 Cenote of Sacrifice: Maya Treasures from the Sacred Well at Chichén
Itzá. Austin: University of Texas Press.
Demarest, Arthur
1992 Ideology in Ancient Maya Cultural Evolution: The Dynamics of Galactic Polities. En Ideology and Pre-Columbian Civilizations, editado por Arthur Demarest y Geoffrey Conrad. Santa Fe: School of American Research Press, p. 135-158.
Demarest, Arthur y Tomás Barrientos
2002 Proyecto Arqueológico Cancuen, Temporada 2001: Antecedentes y resumen de actividades. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Temporada 2001. Nashville: Vanderbilt University Press.
Dillon, Brian
1977 Salinas de los Nueve Cerros, Guatemala. En Mesoamerican Art, Archaeology and Ethnohistory, 2, Socorro, N. M.
Dreux, Daniel
1968 La espeología en Guatemala. Guatemala: Expediciones Espeleológicas Francesas en Guatemala.
Foias, Antonia
1996 Changing Ceramic Production and Exchange Systems and the Classic Maya Collapse in the Petexbatun Region (2 volúmenes). Tésis de Doctorado presentado a Vanderbilt University.
Folan, William J.
1974 The Cenote Sagrado of Chichén Itzá, Yucatán, México, 1967-68: The
Excavation, Plans, and Preparations. En The International Journal of Nautical Archaeology and Underwater Exploration 3(2):283-93.
Graham, Ian
1967 Archaeological Explorations in El Peten Guatemala. Middle American Research Institute 33. New Orleans: Tulane University Press.
Hammond, Norman
1972 Obsidian Trade Routes in the Mayan Area. En Science 178: 1092-3.
Kendall, Carl
1991 The Politics of Pilgrimage: The Black Christ of Esquipulas. En Pilgrimage in Latin America, editado por N. Ross Crumrine y Alan Morinis. New York: Greenwood Press, pp. 139-156.
Kovacevich, Brigitte
2003 Sistemas económicos y producción maya: nuevos datos y retos en Cancuen. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicos en Guatemala. Guatemala City: Ministerio de Cultura y Deportes.
López Varela, Sandra
1989 Análisis y clasificación de la cerámica de un sitio maya del Clásico: Yaxchilan, México. B.A.R. International Series 535. Oxford, Oxford University Press.
Lucero, Lisa
1999 Water Control and Maya Politics in the Southern Maya Lowlands. En Complex Polities in the Ancient Tropical World, editado por E. Bacus and L. Lucero, pp. 35-49. Archaeological Papers No. 9. American Anthropological Association, Washington, D.C.
Mahler, Teobert
1908 Explorations of the Upper Usumacinta and Adjacent Regions: Altar de Sacrificios, Seibal, Itsmté-Sácluk, Cankuen—Explorations for the Museum. Memoirs of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology IV(1). Cambridge, MA: Harvard University Press.
Mata Amado, Guillermo
1975 Arqueología subacuática: Amatitlán, Guatemala. En Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala 47:239-249.
Miller, Thomas
2000 Inside Chiquibul: Exploring Central America’s Longest Cave. En National Geographic 197(4):55-71.
Monterroso, Mirza
2005 Excavaciones en La Lima, Alta Verapaz, Guatemala. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar no. 6. Nashville, TN y Guatemala: Vanderbilt University Press.
En prep. El sitio arqueológico la Lima, Chisec, Alta Verapaz, durante el Clásico Tardío (600-900 d.C.). Tesis de licenciatura por ser presentada a la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Martin, Simon and Nikolai Grube
2000 Chronicle of the Maya Kings and Queens: Deciphering the Dynasties of the Ancient Maya. London: Thames and Hudson Press.
Pope, Kevin y Malcolm Sibberensen
1989 In Search of Tzultacaj: Cave Explorations in the Maya Lowlands of Alta Verapaz, Guatemala. En Journal of New World Archaeology 4(3):16-54.
Prufer, Keith
2002 Analysis and Conservation of a Wooden Figurine Recovered from Xmuqlebal Xheton Cave in Southern Belize, CA. Informe entregado a la Foundation for the Advancement of Mesoamerican Studies, Inc.
Sabloff, Jeremy
1975 Excavations at Seibal, Department of Peten, Guatemala. Memoirs of the Peabody Museum of Archaeology and Ethnology 13(2). Cambridge, MA: Harvard University Press.
Segura, Adriana y Mirza Monterroso
2004 Investigaciones en La Lima. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar no. 5. Nashville, TN y Guatemala: Vanderbilt University Press.
Sharer, Robert
2003 Founding Events and Teotihuacan Connections at Copan, Honduras. En The Maya and Teotihuacan: Reinterpreting Early Classic Interaction, editado por Geoffrey Braswell. Austin: University of Texas Press, pp. 143-167
Sharer, Robert y David Sedat
1987 Archaeological Investigations in the Northern Maya Highlands, Guatemala: Interaction and the Development of Maya Civilization. Philadelphia: The University Museum.
Spenard, Jon
2005 Estudios regionales en el área de El Chotal. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar no. 6. Nashville, TN y Guatemala: Vanderbilt University Press.
Smith, Robert
1952 Pottery from Chipoc, Alta Verapaz, Guatemala. Carnegie Institution of Washington, Publication 596, Contribution no. 56. Washington: Carnegie Institution.
1955 Ceramic Sequence at Uaxactun, Guatemala (2 volúmenes). Publications of the Middle American Research Institute, no. 20. New Orleans: Tulane University Press.
Suhler, Charles K., David A. Freidel, and Traci Ardren
1998 Northern Maya architecture, ritual, and cosmology. En Anatomía de una
Civilización: Aproximaciones Interdisciplinarias a la Cultura Maya.
Madrid: Sociedad Española de Estudios Mayas, 253-273.
Tedlock, Dennis
1996 Popol Vuh: The Definitive Edition of the Mayan Book of the Dawn of Life and the Glory of Gods and Kings. New York: Touchstone.
Tomasic, John y Federico Fahsen
2004 Exploraciones y excavaciones preliminares en Tres Islas, Peten. En XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, editado por Juan Pedro Laporte, Bárbara Arroyo, Héctor Escobedo, y Hector Mejía. Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología.
Tomasic, John y Claudiamaría Quintanilla
2004 Excavaciones en el Sitio Arqueológico Tres Islas, Río la Pasión, Petén. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar no. 5. Nashville, TN: Vanderbilt University Press.
Tourtellot, Gair; Jeremy Sabloff; and Robert Sharick
1978 A Reconnaissance of Cancuén. Memoirs of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology 14(2). Cambridge, MA: Harvard University Press.
Vogt, Evon
1965 Ancient Maya and Contemporary Tzotzil Cosmology: A Comment on Some Methodological Problems. En American Antiquity 30: 192-5.
Woodfill, Brent
1999 The Cave and the Rise of the Late Preclassic Maya Elite. Tésis de B.A. presentado a Macalester College, St. Paul, MN.
Woodfill, Brent; Jose Hurtado; Álvaro Ramírez; y Carlos Girón
2004 Reconocimiento de Ub’ub’. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar No. 5. Nashville: Vanderbilt University Press.
Woodfill, Brent; Nicolas Miller; Margaret Tarpley; y Amalia Kenward
2003 Investigaciones subterráneas de y de superficie en Chisec, Alta Verapaz y La Caoba, Sayaxché, Petén. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar no. 4. Nashville: Vanderbilt University Press, pp. 373-413.
Woodfill, Brent; Álvaro Ramírez; Emilia Gazzuolo; Mirza Monterroso; Adriana Segura; Carlos Girón; Jose Hurtado; Nicolas Miller; and Paul Halacy
2004 Informe preliminar de trabajos Espeleoarqueológicos en las Cuevas de Candelaria, 2003. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar No. 5. Nashville: Vanderbilt University Press.
Woodfill, Brent y Mirza Monterroso
2005 Investigaciones espeleológicos en las Cuevas de Candelaria, temporada 2004. En Proyecto Arqueológico Cancuen informe preliminar no. 6. Nashville: Vanderbilt University Press.
2006 Investigaciones en las Cuevas de Candelaria, La Lima, y una nueva cueva en Carchá. En Proyecto Arqueológico Cancuen Informe Preliminar no. 7. Nashville: Vanderbilt University Press.
Woodfill, Brent y Jon Spenard
2002 Investigaciones arqueológicos y espeleo-arqueológicos en la Vecindad de La Caoba. En Proyecto Arqueológico Cancuen, Informe Preliminar no. 3. Nashville: Vanderbilt University Press.


Recent comments
1 year 4 weeks ago
1 year 4 weeks ago
1 year 45 weeks ago
1 year 45 weeks ago
1 year 46 weeks ago
1 year 46 weeks ago
1 year 46 weeks ago
1 year 46 weeks ago
1 year 46 weeks ago
2 years 6 weeks ago